Experiencias en el hotel Stanley

La existencia paranormal parece ser muy común en los hoteles. Algunos prefieren alejarse de estos problemas, pero hay quienes llegan buscándolos. Tal es el caso de los jóvenes que vivieron la siguiente historia que me contaron hace algún tiempo.

El invierno acababa de llegar a Colorado y la nieve abarcaba cada uno de los puntos que se alcanzaba a ver. Una pareja de camaradas llegó al hotel Stanley pidiendo una de las habitaciones. Se llamaban Paul y Richard, o al menos eso me dijeron. Richard no era muy crédulo de las historias de fantasmas, y dudaba mucho de su existencia. Todo lo contrario era Paul, que iba totalmente dispuesto a encontrarse con algo que estuviera más allá de su explicación racional. De esa manera, se complementaban perfectamente para la excursión.

Cuando entraron por primera vez en el hotel, descubrieron cierta diferencia en el aire que no podían explicar con claridad. Los años se conservaban intactos en el ambiente, y tenían la sensación de haber vuelto atrás en el tiempo. Pero no le dieron mucha importancia, y continuaron adelante, yendo a la habitación que les había tocado, en el último piso. No hubo nada fuera de lo normal. De repente, unos golpes en la ventana, que pensaron que era la nieve cayendo. Pero al llegar la noche, Richard tomaría un baño, lo cual sería sólo el comienzo de lo q vivieron.

El agua caliente siempre había tenido un poder muy relajante sobre esta persona. Se recostó en la bañera y cerró los ojos un momento, asegurándose que todas las sensaciones del día habían sido un producto de la imaginación y de la historia del hotel. Así, terminó su baño. Pero, mientras se vestía, descubrió algo que lo perturbó en sobremanera. Su nombre escrito en el espejo en una infinidad de veces y de formas. Se detuvo un momento y luego salió molesto a reclamar a Paul su estupidez. Pero Paul no estaba. Y aunque hubiera sido él, lo hubiera escuchado en algún momento dentro del baño.

Eran las tres de la mañana cuando Paul despertó de golpe, debido a una sensación curiosa de ser observado por alguien. No vio a nadie y, por un momento, olvidó en dónde estaba y se dispuso a dormir. Pero un golpe en la ventana lo despertó nuevamente. Directo, se asomó para encontrar al responsable. Otra vez, no vio a nadie pero, al darse la vuelta, notó que su cámara estaba prendida, con la función de video corriendo y grabando hacia la puerta de la habitación. Temeroso, la tomó y se dispuso a ver lo que había quedado en la memoria.

La cámara no parecía haber sido prendida por alguien, sino haber sido dejada encendida por error. La puerta era lo único que se reflejaba en el video, que duraba varios minutos sin siquiera mostrar un movimiento sospechoso. Paul estuvo a punto de apagarla, en el momento en que distinguió el rostro de su amigo, mientras un susurro decía: “Hazle saber”.

Sin pensar un solo momento en lo que sucedía, tomaron sus abrigos y sus zapatos y se dirigieron a buscar un hotel diferente, pensando en no volver atrás de ninguna manera. Las personas que trabajaban ahí ya sabían lo ocurrido y no los harían quedarse. Sin embargo, nunca habían visto a nadie huir sin siquiera llevarse la maleta.

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