Museo Nacional de Antropología, el gran museo por excelencia

Me gustan muchos los museos de nuestro país porque inclusive antes de entrar, se puede notar que sus edificios son obras de arte en sí mismas. Convergen con el paisaje y hace tanto tiempo que están ahí que sorprende el hecho de que no han envejecido ni un día. El claro ejemplo de esto es el Museo Nacional de Antropología que desde la fachada luce imponente por la responsabilidad que tiene de contener tanta historia.

El diseño de este proyecto estuvo a cargo de los arquitectos Pedro Ramírez Vázquez, Rafael Mijares y Jorge Campuzano, para el cual tenían pensado alejarse de lo europeo no por malo sino porque estaba tan cargado de elementos visualmente hablando que terminaban por agobiar al visitante. Así que ellos optaron por un edificio sobrio en cuanto a detalles, pero con mucho ritmo para ayudar al recorrido.

Este museo era una promesa que se había estado posponiendo desde 1910, y no fue sino hasta 1963 que se pudo colocar la primera piedra pues ya no solo era un lujo sino una necesidad por las colecciones de historia que se estaban acumulando en otros recintos. Y aunque su construcción no fue sencilla, esta culminó diecinueve meses más tarde.

Uno de los elementos que es difícil de ignorar es el enorme techo que cubre el patio central pues semeja un paraguas por el que permea el agua en el centro, alrededor de su enorme pilar. En total tiene trece salas dedicadas a las culturas indígenas autóctonas de nuestro país.

Hoy se sigue ostentando como uno de los grandes lugares para la historia; muchas de las piezas que se encuentran cuando se hacen excavaciones terminan aquí, y sólo reviven cada que se les visita. Pero hay que tomar la advertencia o el aviso de que es imposible ver con detenimiento todas las salas en un solo día.

Pero que esto sirva como pretexto para ver la historia y ser parte de ella.

Abraham Cababie Daniel.